Anoche el mar decidiĂł convertirse en el DJ de una fiesta ruidosa, y crĂ©ame, no nos dejĂł dormir en paz. ParecĂa que estábamos al lado de una autopista en lugar de una apacible playa.
Hoy tambĂen empezamos igual de lento que ayer, mi papi haciendo sus movidas matutinas y yo aprovechando para roncar un poquito más.
Esta mañana, el tĂ©rmino "prisa" no estaba en nuestro diccionario. SalĂ de la cámper como un autĂ©ntico jefe, solo para descubrir que los vecinos ya habĂan hecho el 'Houdini' y habĂan desaparecido.
No tuvimos una noche precisamente relajante, asà que esta mañana nos costó más que un galgo en una carrera de obstáculos poner en marcha nuestros motores.
Hoy me siento bastante mejor, después de pasar la noche en un área de picnic solitaria. Lo chulo era que no encontramos a nadie más.
Qué emoción haber pasado la noche en nuestra casita con ruedas, junto a mi papi, aunque también echo de menos a mi tito.
Ya estoy de vuelta en mi segunda casa sobre ruedas, la cámper. Pero, ¡madre mĂa!, menudo susto me llevĂ©.
Os tengo que contar la Ăşltima movida de este perro trotamundos que, por si no lo sabĂais, acabĂł en un hospital veterinario.
Hoy os cuento las emociones encontradas que tuvimos en Atenas, una ciudad llena de tesoros... ¡y de enredos!
Ayer tuve la rara suerte de disfrutar de un dĂa sin coche, lo que para un perro amante de la cámper es como ganar la loterĂa de los huesos.
Hoy ha sido como un retiro espiritual, pero sin los rezos ni la meditaciĂłn.
Hoy hemos pasado de la tierra continental de Grecia a la Peninsula del Peloponeso.