Hoy os traigo la crónica perruna del segundo día en Estambul.
La mañana comenzó como si el mismísimo cielo estuviera llorando lágrimas de preocupación por mí.
Hoy hemos vuelto a Europa, ya que hemos llegado a Estambul, y más precisamente a la parte europea de esta ciudad que se encuentra en dos continentes a la vez.
En un solo día estuvimos en dos lugares magníficos, aunque tuviéramos que desplazarnos varias horas en coche.
Hoy hemos pasado un día realmente genial en la naturaleza, con un poco de cultura y... bueno, también un buen rato en coche.
A pesar de los viajes en coche y el maldito pienso, resulta que siempre hay algo emocionante esperando a al final del camino.
Hoy nos hemos acercado a Pamukkale, la famosa montaña blanca de Turquía, pero aún no la hemos visto desde cerca. Os cuento...
Os cuento de nuestra visita a Efesos, una de las atracciones más importantes de Turquía. Aunque yo me perdí la diversión.
Hoy ha sido un día lleno de kilómetros, aviones restaurantes, gözleme, basura y un perro callejero con gustos cuestionables.
Este día ha sido una aventura llena de emoción y diversión, desde problemas con los frenos hasta momentos de relajación en un monte con vistas a la playa.
Hoy combinamos la productividad con la diversión, y mis dos guardianes del dinero, mi papi y mi títo, sacaron sus billeteras y les hicieron sudar.