Cuatro semanas esperando y de repente… ¡boom! Pasaporte, barco gigante y viento en las orejas. Yo solo digo una cosa: si hay pipicán y aventura, este viaje promete. Y empieza fuerte.
Llegamos a nuestra parada anual en Berga y todo es tradición… menos el silencio. Entre voces, sofá prohibido y una manta sospechosa, intento sobrevivir sin perder la siesta. Spoiler: la camper gana.