Ponemos rumbo a Galicia y el día empieza temprano en Berga, con el cielo aún medio dormido y la camper lista para sumar kilómetros. Nos despedimos de la Yaya; ella me dice unas palabras desde su distancia habitual y yo le respondo con mirada firme de perro que sabe que toca aventura.
Hoy viajamos los tres. Tito Joan se viene con nosotros y además conduce una buena parte del trayecto, mientras yo observo todo desde mi espacio detrás del asiento del copiloto, recientemente rediseñado. Ahora tengo un poco menos de sitio, lo justo para que el copiloto vaya más cómodo. Me adapto. Soy compacto y eficiente.
El objetivo de este viaje es visitar a la tita Nita en Galicia. Pero antes de lanzarnos hacia el oeste paramos en Sallent porque papi Edu tenía cita con la dentista. Después fuimos a Manresa a recoger un documento necesario para pedir el visado de Rusia, ya que Rusia será país de tránsito en nuestro próximo gran viaje hacia Mongolia, si Dios quiere, y por eso toca papeleo. Con el papel en mano ya sí tocaba carretera en serio.
Esta vez hicimos casi todo por autovías y carreteras principales porque el objetivo era avanzar muchos kilómetros, unos 500 en total. El día estaba revuelto, con viento fuerte y lluvia casi constante. Solo hicimos una parada clara al mediodía en un área de descanso para comer en la cámper, descansar un poco y seguir.
Intentamos detenernos en Logroño para tomar un café en la famosa Calle del Laurel, pero encontrar aparcamiento fue misión imposible. Tras varias vueltas desistimos y continuamos ruta sin café, con la tarde cayendo y el cielo cada vez más oscuro.
Finalmente, ya de noche, llegamos a Santo Domingo de la Calzada, histórica parada del Camino de Santiago. Aparcamos en las afueras en un descampado de barro abundante, pero bien resguardado del viento, que soplaba con ganas. No fue un día de grandes visitas ni de momentos épicos, sino de transición y kilómetros, de esos que van acercando Galicia poco a poco mientras el viaje ya empieza a sentirse de verdad.
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