Madrugón absurdo en el barco, llegada exprés a Grecia y parada en un cañón que parece partido a hachazos. Acabamos durmiendo junto al río, en plena nada. Y eso sí que mola.
ferry
Despertamos con vistas que salvan la noche, nos metemos en un Ostuni lleno hasta arriba y acabamos en un barco más lujoso… con tanto dorado que casi necesito gafas de sol.
Noche movidita, rumbo sorpresa hacia Génova y un barco lleno de perros “rebeldes”. Entre viento salvaje y esperas eternas, acabamos encontrando refugio perfecto junto al mar.
Cuatro semanas esperando y de repente… ¡boom! Pasaporte, barco gigante y viento en las orejas. Yo solo digo una cosa: si hay pipicán y aventura, este viaje promete. Y empieza fuerte.
Amanecí navegando, hice pis al lado del “baño canino”, conocí collies internacionales y papi devoró media carta del ferry. Llegamos a Cherbourg sin gasoil y acabamos durmiendo entre autocaravanas francesas.
Cerramos Irlanda con paseo de película, cantera clandestina, colada con vagabundo cervecero y camarote “pet‐friendly” donde me prohibieron la cama… y fui el primero en subirme.