Nos tomamos la jornada con muchísima calma y pasamos toda la mañana y parte de la tarde metidos en la camper, disfrutando del relax en nuestra área céntrica. Papi Edu aprovechó para hacer un poco de limpieza general en el habitáculo, que entre el polvo de las pistas y los mosquitos ya tocaba darle un buen repaso.
Después de comer, pusimos el motor en marcha y salimos en dirección a un centro comercial que tenía lavandería. El tema del aparcamiento en la calle estaba complicado porque es de pago; y no por lo que cuesta, que es baratísimo, sino porque la aplicación para gestionarlo es un auténtico dolor de cabeza para los extranjeros. Así que Papi Edu tiró de picardía y aparcó en el parking de una cadena de hamburgueserías de marca local (el equivalente kazajo al McDonald's). Yo me quedé bien cómodo vigilando la camper mientras mi humano bajaba al sótano del centro comercial con el saco de la ropa sucia.
¡Y allí se repitió el drama tecnológico! Resulta que las lavadoras también exigían pagar con la dichosa aplicación Kaspi. Por suerte, en el mundo real siempre hay gente buena: la señora que trabajaba allí aceptó el dinero en efectivo de Papi Edu y activó las máquinas pagando desde su propio móvil. Para hacer tiempo mientras la ropa se lavaba y se secaba, Papi Edu subió a cumplir con su parte del trato y se hizo cliente del restaurante donde habíamos dejado el coche, comiéndose algo.
Tras un par de horas, con toda la ropa limpia, seca y oliendo a gloria, nos subimos a la camper. Antes de salir de la ciudad, pasamos por un barrio antiguo de Astaná donde localizamos una fuente pública y aprovechamos para rellenar a tope nuestro depósito de agua.
Con los deberes hechos, pusimos rumbo hacia el sur, directos a la zona del aeropuerto. Hemos encontrado un aparcamiento de grava enorme que la gente local utiliza en coche para esperar la llegada de los vuelos y recoger a sus familiares. El sitio es tan sumamente grande que nos permite estar completamente aislados del resto de vehículos, con toda la intimidad del mundo. Y aquí nos vamos a quedar a dormir. Toca irse a la cama temprano porque mañana nos toca madrugar muchísimo: llega por fin Tito Joan después de un palizón de viaje de 12 horas. ¡Qué ganas de verle!
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