Vaya nochecita de nervios pasamos en el aparcamiento del aeropuerto. Dormimos poco, y Papi Edu aún menos que yo, porque no quitaba ojo al móvil siguiendo el rastro del vuelo de Tito Joan. Venía haciendo escala en Ankara y, por suerte, todo marchó sobre ruedas. A las seis de la mañana ya estábamos en pie listos para la acción; recogimos la camper a la velocidad del rayo y en cinco minutos nos plantamos en la terminal. ¡Y allí apareció! Tito Joan llegó enseguida y, tras los saludos y lametones de rigor, pusimos rumbo directo al centro de Astaná.
De camino, nos topamos con una mole blanca espectacular: la Mezquita Central de Astaná, inaugurada hace muy poco (en 2022) y considerada una de las más grandes del mundo entero. Eran apenas las siete de la mañana, pero decidimos aparcar allí mismo. Primero dimos un paseo los tres juntos por el parque que la rodea, que todavía está a medio terminar. Después, me tocó quedarme vigilando la camper bien fresquito mientras Edu y Joan entraban a visitarla. Al volver, venían alucinados: me contaron que es impresionante, de un lujo y una belleza que quitan el hipo, y que hasta comieron algo rápido en el restaurante que hay dentro. Lo mejor llegó cuando subieron a uno de sus imponentes minaretes, que miden nada menos que 130 metros de altura, regalándoles unas vistas panorámicas brutales de toda la ciudad. En total, pasamos cuatro horas maravillados allí.
De ahí nos fuimos directos al mismo área de autocaravanas gratuita donde habíamos estado antes de ayer. ¡Qué suerte, seguía completamente vacía para nosotros solos!
Por la tarde llegó el plato fuerte: un paseo largo de los que hacen afición para descubrir la zona nueva de Astaná. Salimos a pie desde nuestro camping cruzando el Parque Zhetisu, que estaba muy animado con su feria, y enfilamos hacia la famosa Torre Bayterek, ese monumento futurista con una esfera dorada gigante en la copa que parece un nido de alienígenas. Esta vez decidimos no subir y seguimos caminando hacia el Kazakhstan Central Concert Hall, un auditorio vanguardista con forma de flor que tenía un ambientazo tremendo porque estaba a punto de empezar un concierto, lo que explicaba la enorme cantidad de policía que custodiaba la zona.
Desde allí divisamos el majestuoso Palacio Presidencial (Ak Orda), con su cúpula azul y dorada, flanqueado por los imponentes edificios del gobierno y los ministerios oficiales. Lo que más llamó mi atención perruna fueron esos dos famosos conos dorados gigantescos, unas torres gemelas de cristales amarillos reflectantes que brillan como el oro al sol. ¡Todo el conjunto es impresionante y parece sacado de una película del próximo siglo!
Eso sí, tuvimos un pequeño contratiempo: un policía muy serio se nos acercó para decirnos que los perros tenemos prohibida la entrada a la zona estricta de los edificios gubernamentales. Así que, con toda la dignidad perruna intacta, dimos media vuelta y emprendimos el regreso al camping. Preparamos una cena-comida tardía dentro de la camper para celebrar que ya somos tres en el equipo y nos iremos pronto a dormir, que el cuerpo pide tierra después de tantas emociones. ¡Mañana más!
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