Día 208:

 

Sevilla (Bellavista) – Castilleja de Guzmán

Lavadoras, amigos y un rincón tranquilo en Castilleja de Guzmán

Geluidsbestand
180

Dormimos en Cortijo Cuarto como auténticos troncos. De los que no crujen ni con viento. El sitio era nuevo para nosotros y resultó ser de esos lugares que te abrazan sin avisar. Buen suelo. Buen silencio. Buen dormir. Yo firmo.

Nos despertamos con buen tiempo y sin prisa. A nuestra hora habitual, que ya sabéis cuál es. Esa que no necesita despertador. Salimos rumbo al parque Miraflores, que para mí no es un parque cualquiera. Es mi parque. Donde crecí. Donde aprendí a ser perro con criterio y a distinguir entre humanos interesantes y humanos con bocadillo.

El motivo era práctico y poco romántico. Lavadora. En la gasolinera de al lado. Papi Edu puso a girar la ropa de cama porque tocaba cambio importante. Pasábamos de cama individual a cama doble. Yo no comenté nada, pero interiormente aplaudí con las orejas. Más cama es siempre mejor cama.

Mientras la máquina daba vueltas y más vueltas, comimos en la camper. Era domingo y hacía bueno, así que el aparcamiento estaba animado. Demasiado animado en algunos momentos. Aparecieron unos niños con motos de gasolina que hacían un ruido capaz de espantar pensamientos profundos y hasta palomas con estudios. Seguramente regalos de Reyes. Yo sigo sin entender por qué a los humanos jóvenes se les regala ruido, pero sobrevivimos.

Con la ropa limpia, doblada y guardada como personas adultas responsables, recogimos todo y fuimos al aeropuerto de Sevilla. Esperamos en la zona de salidas, que es donde nuestra camper no se deja la cabeza. Y allí apareció Tito Joan. Alegría instantánea. Rabo activado. Familia reunida otra vez.

Nos fuimos a Sevilla Este y quedamos con un buen grupo de amigas y amigos. Tita Mariola, con la que compartimos Irlanda, su pareja Miguel y más humanos conocidos. Cervezas, refrescos, charla cruzada y yo moviéndome entre piernas como pez en el agua… o perro en terraza, que es más exacto.

Cuando empezó a refrescar, recogimos y volvimos al coche. Nosotros, es decir, Papi Edu, Tito Joan y yo, pusimos rumbo a Castilleja de Guzmán. Esta vez evitamos el aparcamiento de autocaravanas y bajamos por un camino de tierra hasta un sitio más natural, con las mismas vistas a Sevilla pero más silencio.

El lugar es bonito y tranquilo, aunque con ese problema humano tan poco elegante de dejar basura donde no toca. Condones, pañuelos, colchones y restos de civilización mal entendida. Una pena. Aun así, el sitio tiene paz. Y la paz pesa más.

Así que cerramos el día como se debe. Camper quieta. Vistas lejanas. Cuerpo cansado en el buen sentido. Y yo, enroscado, pensando que hay jornadas que no necesitan más explicación. Solo un buen sitio para dormir y gente cerca.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Resuelva este simple problema matemático y escriba la solución; por ejemplo: Para 1+3, escriba 4.