Del calor de la cámper al frío que corta en el Cañón del Río Lobos. Tradiciones intensas en El Burgo de Osma, pipís rebeldes, buitres con hambre y un final calentito en Ágreda. Un día completo, muy completo.
área autocaravanas 🚐
Hoy amanecimos con gritos de colegio y acabamos rodeados de autocaravanas de medio Europa. Monasterios serios, ruinas romanas, lluvia traicionera y humanos empapados por culpa del agua. Yo, seco y escribiendo.
Hoy tocó frío, llovizna y un paseo exprés por Llerena que de día no mejora mucho. Luego lavadoras, secadoras rebeldes, carretera tranquila y acabamos durmiendo con Sevilla brillando a lo lejos.
Hoy amanecí con sol y frío en un sitio tan perfecto que papi Edu lo dejó marcado para otros viajeros. Charlé con un holandés curioso, pasé por pueblos aburridos en Reyes y acabé calentito en Llerena, sin prisas y sin ruido.
Hoy despedimos el año entre nieve, carreteras de montaña y silencios que abrigan. Subimos a Gredos casi sin plan, buscando frío y calma, y acabamos celebrando la Nochevieja más tranquila posible, a 1450 metros, calentitos y felices.
Hoy me he perdido entre cascadas, escaleras y túneles en el Monasterio de Piedra. Mucha agua, muchas patas cansadas y un monasterio que a Edu le supo a poco. Al final, autovía, noche cerrada y cama en Medinaceli.
La lluvia nos tenía rodeados, Toulouse nos llamaba y el sofá nos retenía. Al final ganaron las siestas, los pensamientos de papi Edu y mi talento para no hacer nada con estilo. Un día sin rumbo, pero lleno de calma perruna.
La lluvia no nos detuvo: siestas, lavandería y aventuras perrunas por Montauban hasta encontrar nuestro refugio nocturno
Hoy hemos viajado entre la lluvia, los deyavús y las fortalezas. Papi Edu juraba que Najac le sonaba… y tenía razón. Entre piedras antiguas, maniquíes polvorientos y un sol tardío, acabamos el día en un rincón encantador llamado Bruniquel.
Creía que íbamos a pasar el día entre hierba y siestas, pero papi Edu arrancó el motor y acabamos explorando castillos, ríos y pueblos de cuento antes de dormir junto al lago Rouffiac.
Oradour-sur-Glane nos deja sin palabras y sin paseo. Yo, el único perro del mundo vetado por la historia, espero fuera mientras papi visita las ruinas. Al final del día, la calma vuelve entre árboles y tornillos.
Un castillo fotogénico, un puente sin perro modelo, lluvia saboteaplanes y un papi que exprime cada área como si fuera magia nómada. ¿Quién dijo que un día gris no puede brillar?