Por fin dormimos bien y del tirón, que ya tocaba. Arrancamos la mañana tranquilamente, sin prisas, y salimos en coche sobre las once. Nuestra primera parada nos llevó directos de vuelta al taller Tez Auto. Resulta que Papi Edu revisó bien los papeles y descubrió que el aceite que le habían puesto el otro día no era compatible con el filtro de partículas de nuestra Nissan Navara. ¡Menudo peligro para el motor! Nos pidieron mil disculpas por el despiste y se pusieron manos a la obra para cambiarlo por el correcto, aunque esta vez tocó pasar por caja y abonar unos 120 euros. Un imprevisto de los que duelen, pero la salud de nuestra casita con ruedas es lo primero.
Con el motor a salvo, hicimos una parada rápida en un supermercado para reponer provisiones y pusimos rumbo directo a la gran zona monumental de Astaná, donde por suerte pudimos aparcar gratis. ¡Menuda explanada de edificios futuristas! Desde abajo pudimos contemplar la espectacular Mezquita Hazrat Sultán, que es una de las más grandes de Asia Central y parece un palacio de cuento de hadas con sus cúpulas blancas y detalles celestes. Justo enfrente se alza el Palacio de la Paz y la Reconciliación, una pirámide gigante de cristal diseñada por el famoso arquitecto Norman Foster que simboliza la unión de las diferentes religiones del mundo. También vimos por fuera el Palacio de la Independencia, un enorme edificio vanguardista de color blanco con una estructura de celosía azul donde se celebran los eventos oficiales del país, y el imponente Monumento Kazakh Eli, una columna de mármol blanco de 91 metros de altura coronada por el ave mítica Samruk, que representa la libertad y el destino de Kazajistán.
Justo al lado se encuentra el Museo Nacional de la República de Kazajistán. Papi Edu y Tito Joan tenían claro que querían visitarlo por dentro; tenía que ser hoy mismo, porque mañana lunes cierran por descanso. Como los perros aún no entendemos de historia moderna, me quedé custodiando la camper bien cómodo mientras ellos exploraban el lugar. Al volver, venían entusiasmados con todo lo que alberga en su interior: me contaron que tiene salas enormes que recorren desde la prehistoria hasta la actualidad del país, pero que la joya de la corona es la sala del "Hombre de Oro", un guerrero saces del siglo IV a.C. cubierto por miles de piezas de oro que es el orgullo nacional. También se quedaron alucinados con un enorme águila dorada articulada que vuela de forma digital sobre las cabezas de los visitantes en el hall principal.
Al terminar la visita cultural, buscamos un restaurante moderno y de estilo totalmente occidental que tenía una terraza fantástica, ideal para comer tranquilos y comentar la jugada. Sobre las siete de la tarde regresamos a nuestra querida área de autocaravanas a dejar el coche.
Para estirar las patas antes de acabar el día, nos marcamos un precioso paseo por la orilla del río Ishim. Desde el paseo fluvial se tienen unas vistas brutales del skyline de la ciudad y pudimos contemplar el imponente Palacio Presidencial. Ya era bien de noche cuando regresamos a la camper. Nos zampamos una cenita ligera y nos metimos en la cama directos a planchar la oreja. ¡Menudo día de no parar!
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