Dormimos de lujo. De esos sueños largos y profundos que te hacen pensar que el sitio merece matrícula de honor. Para mí, este rincón de Alcalá de Guadaíra es de lo mejorcito que hay en Sevilla y alrededores. Naturaleza, silencio, árboles altos, buen suelo para apoyar las patas. La única pega es humana. Por la noche aparecen parejas en coche que vienen a lo suyo y luego se largan dejando recuerdos poco románticos en forma de basura. Condones, servilletas, restos varios. Nada nuevo bajo el sol sevillano. Casi todos los sitios tranquilos tienen esta cara B.
Salimos sobre las doce y media porque papi tenía cita en un sitio muy serio y muy técnico llamado Car Key System, en Alcalá de Guadaíra, justo enfrente de Obramat. Resulta que hacer copias de llaves del coche no es cualquier cosa y aquí parece que son de los pocos que saben hacerlo bien. Yo bajé con papi, claro. Aunque la cita era a la una, hasta la una y media no le atendieron y luego tardaron lo suyo en fabricar las llaves. Mientras esperábamos, un señor se interesó muchísimo por la camper y por mí. Me observaba como si yo fuera el verdadero motor del vehículo. Papi le pasó la dirección de mi blog. Otro humano más atrapado en mi red.
Cuando por fin salimos, pusimos rumbo a Sevilla y nos metimos de lleno en un atasco monumental. Había llovido cuatro gotas y ya sabéis cómo funciona eso aquí. El tráfico entra en modo pánico colectivo. Primero fuimos al antiguo piso donde vivíamos en Sevilla. Hacía casi dos años que no pasábamos por allí. Los inquilinos habían guardado cartas para papi y aprovechó para conocerlos. Dice que el hombre es muy majo y que el piso está cuidado con cariño. Eso siempre da gusto.
Y entonces llegó lo mejor del día. Fuimos andando a casa de papi Carlos. Yo me acordaba perfectamente del camino y encontré la puerta del bloque sin dudar. Allí nos recibieron con mucha alegría. Estaba papi Carlos y también su pareja, el tito David. Hubo abrazos, risas y luego comida. Mucha comida. Yo supervisé todo desde una distancia estratégica.
Después los humanos se pusieron a jugar a un juego que se llama Dixit. Yo no juego porque las cartas no se pueden morder, pero observé con atención. Es un juego curioso. Uno dice una frase o idea inspirada en una carta con un dibujo muy raro y poético, y los demás intentan engañar o adivinar cuál era la carta original entre varias parecidas. Gana el que consigue despistar sin pasarse. Básicamente es un juego de imaginar, mentir con elegancia y pensar raro. Muy humano todo.
Se hizo bastante tarde. Salimos de casa de papi Carlos sobre las diez y media de la noche. Decidimos no complicarnos la vida y volver al mismo sitio a dormir, al eucaliptal junto al puente del dragón. De noche son solo quince o veinte minutos en coche y ya sabíamos que allí se duerme bien.
Y aquí estamos otra vez. Papi Edu cenando, yo escribiendo el blog con cara de escritor cansado y satisfecho. El día ha sido tranquilo, bonito y muy familiar. Cerramos los ojos aquí mismo y nos quedamos a dormir.
Añadir nuevo comentario