Un dÃa de sol, bricolaje tranquilo y reencuentros sevillanos. Terrazas con frÃo, charlas largas, una cámper llena hasta los topes y un final nocturno en Cortijo Cuarto, con calma… y alguna sorpresa poco glamurosa.
🇪🇸 De Berga a Sevilla
Dormimos de lujo junto al puente del dragón y el dÃa siguió entre llaves nuevas, atascos sevillanos y un reencuentro que me sabÃa encontrar con los ojos cerrados. Hubo risas, comida y un juego humano muy raro.
Hoy bajamos a Sevilla sin prisa y sin épica, entre compras, parkings y decisiones poco heroicas. Al final ganaron los eucaliptos, el silencio y un sitio conocido donde dormir tranquilo.
Hoy tocó frÃo, llovizna y un paseo exprés por Llerena que de dÃa no mejora mucho. Luego lavadoras, secadoras rebeldes, carretera tranquila y acabamos durmiendo con Sevilla brillando a lo lejos.
Hoy amanecà con sol y frÃo en un sitio tan perfecto que papi Edu lo dejó marcado para otros viajeros. Charlé con un holandés curioso, pasé por pueblos aburridos en Reyes y acabé calentito en Llerena, sin prisas y sin ruido.
Dormimos regular y llegamos tarde a Guadalupe, pero el pueblo nos recibió con calma y piedra antigua. Papi Edu se perdió entre claustros, reliquias y una Virgen pequeña y negra, mientras yo vigilaba la cámper.
Hoy el dÃa fue de esos que se deslizan despacio. Un puente románico al amanecer, charla inesperada entre campers, Trujillo en lo alto y una antigua estación donde ya no pasan trenes pero sà la calma.
Amanece con lluvia, pero Plasencia nos guiña un ojo y deja de llover justo al empezar a pasearla. Puertas medievales, dos catedrales, compras nerviosas de Reyes y un final de dÃa entre buitres, rocas y un puente del siglo diecisiete donde dormimos en silencio.
Hoy la lluvia mandaba más que nosotros. Plasencia se nos escapó entre viento y paraguas invisibles, el barro ganó varias batallas y acabamos refugiados en la cámper, secos, calentitos y tan tranquilos.
Hoy me perdà entre cabras monteses, calzadas romanas y senderos que parecÃan esconder secretos. El agua del rÃo nos acompañó todo el camino, y la montaña nos regaló la última luz del dÃa.
Hoy despedimos el año entre nieve, carreteras de montaña y silencios que abrigan. Subimos a Gredos casi sin plan, buscando frÃo y calma, y acabamos celebrando la Nochevieja más tranquila posible, a 1450 metros, calentitos y felices.
Hoy aprendà que no todos los pueblos enamoran, que algunas gargantas se miran más que se caminan y que en el embalse de Rosarito hay espacio de sobra para correr, jugar… y estrellar un dron contra una rama traicionera.