Día 21:
Castillos, hammam y vistas sobre Amasya
Çorum Baraj Gölü – Amasya
Arrancamos tranquilos, recogiendo poco a poco y dejando que el día empezara a su ritmo. Desde el lago pusimos rumbo hacia Amasya, unos noventa kilómetros que aquí en Turquía se hacen rápido porque las carreteras parecen diseñadas para que el coche avance casi solo.
Al llegar a Amasya todavía no entramos en la ciudad. Primero subimos hacia la zona del castillo y aparcamos justo debajo de las murallas. Los humanos pagaron la entrada y sorpresa agradable: yo también podía entrar. Así que allá fuimos los tres a explorar el castillo.
El castillo de Amasya lleva siglos vigilando la ciudad desde arriba, agarrado a la montaña como si hubiera crecido directamente de la roca. Por aquí pasaron romanos, bizantinos, selyúcidas y otomanos, porque el sitio tiene exactamente lo que todo el mundo quería antiguamente: buenas vistas y control absoluto de todo el valle. Y las vistas siguen siendo la gran estrella del lugar.
Desde arriba se ve toda Amasya extendida junto al río Yeşilırmak, encajada entre montañas y atravesada por el agua como si alguien hubiera diseñado la ciudad para una postal. Las casas blancas del casco antiguo, los puentes, las mezquitas y el río brillando abajo hacen que merezca la pena la subida incluso aunque tengáis patas pequeñas como yo.
Después de recorrer el castillo y hacer suficientes fotos para alimentar internet durante una temporada, bajamos otra vez a la camper y comimos tranquilamente antes de entrar en la ciudad.
Luego sí, tocó explorar Amasya de verdad. Aparcamos junto al río y salimos a caminar. Y la verdad es que la ciudad nos sorprendió muchísimo. Tiene un ambiente tranquilo, relajado, sin esa presión constante de coches y ruido que tienen otras ciudades grandes de Turquía. El río le da mucha vida y además separa bastante bien la parte moderna del casco antiguo, que es la parte realmente especial.
Las casas otomanas restauradas junto al agua son una maravilla. Pasear por allí es de esos momentos en los que nadie tiene demasiada prisa y hasta yo podía caminar sin ir esquivando motos cada diez segundos.
Amasya además tiene mucha historia detrás. Todavía conserva las famosas tumbas excavadas en la roca de los antiguos reyes pónticos, visibles en la ladera sobre la ciudad. Y siglos después también tuvo importancia para los otomanos, porque aquí se educaban muchos príncipes antes de convertirse en sultanes. Básicamente, Amasya lleva muchísimo tiempo viendo pasar gente importante.
Lo que también nos llamó muchísimo la atención fueron las banderas turcas y las pancartas gigantes con el rostro de Atatürk por todas partes. Mañana es fiesta nacional en Turquía y se nota muchísimo en el ambiente.
Mustafa Kemal Atatürk sigue siendo una figura enorme aquí. Fue el fundador de la Turquía moderna después de la caída del Imperio Otomano y todavía hoy su imagen está presente absolutamente en todas partes. No como una figura histórica lejana, sino casi como alguien permanentemente presente en la vida del país.
La fiesta de mañana, el 23 de abril, es el Día de la Soberanía Nacional y del Niño, una fecha muy importante porque conmemora la creación del primer parlamento turco en 1920 durante la guerra de independencia. Atatürk dedicó además el día a los niños, así que mezcla patriotismo, celebraciones y actividades infantiles por todo el país.
Después del paseo volvimos a la camper y la dejamos aparcada delante de un hammam porque Papi Edu y Tito Joan querían probar la experiencia completa. Los hombres del hammam dijeron incluso que yo también podía entrar y esperar en la entrada, pero sinceramente… viendo el panorama, casi mejor quedarme vigilando la camper.
Ellos entraron y se metieron en el programa completo: sauna de vapor, scrubbing y masaje. Un hammam tradicional turco es básicamente una mezcla entre limpieza profunda, tortura amistosa y sensación final de renacer como persona nueva. Primero sudas como un pollo al horno en las salas calientes de mármol, luego llega el scrubbing, donde básicamente te lijan la piel como si fueras un mueble antiguo, y después el masaje.
Y por lo visto el masaje fue… intenso. Muy intenso. Tito Joan salió encantado pero medio desmontado físicamente, y Papi Edu todavía decía horas después que le dolían los pies y algunas partes del cuerpo que probablemente ni recordaba tener antes del masaje.
Cuando salieron ya era completamente de noche. Entonces volvimos a subir hacia la zona del castillo y encontramos un caminito bastante escondido y en no muy buen estado. Subimos despacio, esquivando baches y piedras, y al final apareció un sitio bastante bueno para dormir, con vistas y tranquilidad. Bueno… tranquilidad y basura. Porque eso aquí parece venir incluido en casi todos los rincones bonitos.
Pero aparte de eso el lugar está genial. Y aquí arriba vamos a pasar la noche, mirando las luces de Amasya desde la montaña mientras yo hago guardia oficialmente… aunque seguramente me duerma el primero.
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