Día 23:

 

Nieve, cascadas y refugio contra el viento

Arpacı – Akyurt

Hoy tocó día de carretera larga. Arrancamos tranquilos, sin ninguna prisa especial, y pusimos rumbo hacia Erzincan. Para llegar había que cruzar el puerto de montaña de Sakaltutan Geçidi, a unos 2.160 metros de altura. Y arriba parecía que alguien había cambiado Turquía por un congelador industrial.

Todo estaba cubierto de nieve. Montañas blancas, viento helado y un frío que te dejaba el hocico más tieso que un pingüino haciendo yoga. Paramos un momento en un área de descanso de la autovía para la sesión oficial de fotos. Yo puse cara de perro aventurero durante treinta segundos exactos y luego fui el primero en regresar a la calefacción de la camper. La épica está muy bien hasta que se te congelan las patas.

Seguimos bajando hacia Erzincan, hicimos parada rápida en un supermercado y luego pusimos rumbo hacia la cascada de Gürlevik. Pero antes de contemplarla encontramos un sitio bastante bonito en el campo para comer en la camper, rodeados de verde. Uno de esos lugares donde te imaginas pasando toda la tarde… hasta que alguien dice “bueno, seguimos”.

La cascada de Gürlevik tiene unos treinta metros de altura y cae en varios niveles rodeada de árboles, restaurantes y zonas de picnic. Se nota que en temporada aquello debe llenarse bastante y tener mucho ambiente, pero ahora estaba casi vacío, con una sensación un poco abandonada, como un parque de verano que todavía no se ha despertado del invierno.

La verdad es que la cascada está bien, pero tampoco nos impresionó demasiado. Quizá ya llevamos demasiados kilómetros encima y nos hemos vuelto unos snobs profesionales del paisaje. Aun así el sitio tenía su encanto raro, silencioso y medio dormido.

Después seguimos hacia el norte, conectamos otra vez con la autovía y ya casi no paramos más. Papi Edu conduciendo, Tito Joan poniendo música y yo alternando entre dormir y supervisar el paisaje, que es un trabajo duro y poco reconocido.

Para dormir encontramos un sitio curioso cerca del pueblo de Akyurt, en una especie de cantera abandonada. No será el rincón más bonito del mundo, pero estamos protegidos del viento, y ahora mismo eso vale más que una vista espectacular. Porque dormir al abrigo, calentito y sin que la camper tiemble toda la noche… eso sí que es lujo de perro viajero.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Resuelva este simple problema matemático y escriba la solución; por ejemplo: Para 1+3, escriba 4.