Día 51:

 

¡Astaná nos recibe con rascacielos y karaoke!

Damsa – Astaná

Hoy el día se levantó de lo más antipático: cielo cubierto de nubes, una bajada de temperaturas notable y un viento racheado de esos que te despeinan las orejas. Con este panorama, el paraíso ya no era tan paradisíaco, así que decidimos levantar el campamento y salir de allí sobre la una de la tarde. Antes de enfilar la ruta, entramos al pueblo de Damsá a buscar agua, pero fracaso absoluto: todas las fuentes públicas estaban deshabilitadas o cortadas. Menos mal que somos autosuficientes y aún nos quedaban reservas.
Pusimos rumbo al sur por una autovía de las buenas. Tras una hora de trayecto, hicimos una parada corta en un área de descanso donde nos topamos con una estatua de un caballo encabritado, un bicho grande y curioso plantado en mitad de la nada, ideal para que Papi Edu estirara las piernas y tirara una foto rápida antes de seguir camino.
Seguimos rodando hasta que divisamos Astaná. Entrar a la capital por el norte no es precisamente la postal más idílica del mundo; la verdad es que se ve una zona bastante decadente, gris y con ese marcado sello arquitectónico de la era soviética profunda. Pero hoy no veníamos a hacer turismo, hoy tocaba tarde de logística y mimos para nuestra fortaleza con ruedas.
Nuestra primera parada fue el taller Tez Auto - Mobil 1 Service Center. Había que hacerle el cambio de aceite, filtros y una revisión general a la Navara después de tanto trote bacheado. Se portaron de lujo y lo dejaron todo listo en apenas noventa minutos. Mientras esperábamos, Papi Edu se entretuvo en la sala de espera charlando con un hombre de lo más interesante que organiza viajes overland por Mongolia, Kazajistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán. Como el buen hombre no hablaba ni una palabra de inglés ni de español (solo ruso, kazajo y creo que mongol), la conversación entera fue un baile de teléfonos usando Google Translate. A pesar de las barreras tecnológicas, fue súper majo, le dio su número de teléfono por si necesitábamos cualquier ayuda o consejo durante el viaje y nos contó que vive en Almaty. ¡Un contacto de oro!
Con los deberes mecánicos hechos, fuimos a un supermercado Anvar a rellenar la despensa. Y aquí llegó el verdadero shock del día: el trayecto conduciendo desde el supermercado hasta el sitio donde íbamos a dormir nos dejó con la boca abierta. Pasamos de golpe a la zona nueva de Astaná, ¡y menudo cambio! Es una pasada absoluta, hipermoderna, llena de edificios futuristas, rascacielos con diseños imposibles y luces que parecían sacadas de una película de ciencia ficción. El contraste con el norte gris de la entrada es brutal.
Finalmente llegamos al punto que Papi Edu localizó en Park4Night: un área de autocaravanas totalmente gratuita en un parque bastante céntrico. Al llegar nos pareció un sitio estupendo: bonito, rodeado de árboles y, para nuestra sorpresa, ¡estábamos completamente solos! Tampoco hay agua aquí, pero no nos preocupa, ya cargaremos mañana en alguna parte.
Al final de la tarde tuvimos un poco de ambiente; había una especie de feria al lado y nos tocó banda sonora de karaoke local de fondo. Por suerte, ahora que ha entrado la noche, todo se ha quedado súper tranquilo. Toca cerrar los ojos y descansar en pleno corazón de la capital.

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