¡Guau! Menuda mañanita de "espera en la cámper" me han dado hoy Papi Edu y Tito Joan. Arrancamos pasados del medio día —ritmo caribeño, como a mí me gusta— y en apenas diez minutos ya estábamos otra vez rodeados de cemento y monumentos. Como a los de mi especie no nos dejan entrar a los sitios de culto, y ellos se lo pierden porque tengo un olfato buenísimo para la espiritualidad, me tocó quedarme custodiando la Navara mientras ellos gastaban suelas por la zona monumental.
Al volver me lo contaron todo. Primero se metieron a cotillear la Mezquita Hazrat Sultán por dentro. Dicen que es enorme y gigantesca, pero me confesaron al oído que no les pareció tan bonita como la nueva Mezquita Central que vimos hace unos días; mucho tamaño, pero le faltaba ese "no sé qué" que te hace mover el rabo. Luego se pegaron una buena caminata para ver el Muro de la Paz, el Palacio de la Independencia y el Monumento Kazakh Eli. Yo los habría resumido en tres postes perfectos para marcar territorio, pero ellos prefirieron hacer fotos.
Lo verdaderamente gordo llegó con el Palacio de la Paz y la Reconciliación, que resulta ser una pirámide gigante en mitad de Kazajistán. Se apuntaron a un tour guiado y los llevó una muchacha joven, una estudiante que se defendía bastante bien hablando en inglés. Me contaron que por dentro impresiona mucho porque tiene una sala de ópera en la base y, a medida que subes, la luz cambia porque los cristales de la cúspide son de colores y representan palomas de la paz. Los humanos construyen una pirámide de cristal de 62 metros de altura para hablar de concordia mundial, pero luego no dejan entrar al perro más pacífico del planeta. Contradicciones de su especie. Mucho arte y mucho vidrio, pero seguro que ahí dentro no se puede correr detrás de una pelota.
Por fin dejamos atrás la ciudad moderna, paramos un momento en un barrio para rellenar los tanques de agua potable, que es fundamental para mis cuencos, y enfilamos la carretera. Después de unos 130 kilómetros devorando asfalto, tocó el reto diario de buscar dónde dormir. En su aplicación esa de Park4Night no salía absolutamente nada y estábamos en mitad de la nada más absoluta, pero Papi Edu sacó sus superpoderes de cazador de acampadas y se puso a cotillear la vista de satélite de Google Maps. ¡Y pum! Menudo ojo tiene mi humano. Encontró un sitio espectacular al lado de un pequeño embalse en medio del campo. Olvidad las pirámides de cristal, este charco gigante huele a tierra mojada y a libertad, no hay humanos a la redonda y acabamos de ver una puesta de sol súper bonita que ha pintado el cielo de colores. Ahora me toca estirar las cuatro patas, cenar y vigilar que ningún bicho raro se acerque a nuestra cámper.
25 May 2026
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