Día 57:

 

Karaganda: Un paseo soviético

Karaganda – Tendyk

Menudo día de estirar las patas nos hemos pegado. Por la mañana nos lo tomamos con calma y no nos pusimos en marcha hasta pasadas las once de la mañana. Para empezar el día con energía, Tito Joan me llevó a dar una señora caminata de unos dos kilómetros bordeando el agua hasta una iglesia católica que había al otro lado del charco. Una delicia de paseo para mis mañanas perrunas. Después, nos subimos todos al coche y pusimos rumbo directo al centro de Karaganda. Esta ciudad es una locura para la vista: mires donde mires hay edificios enormes, monumentos gigantescos y un montón de mosaicos de la época soviética. Aparcamos en la avenida principal, muy cerca del Stele of Independence y del parque central, y nos lanzamos a explorar. Los humanos no paraban de mirar hacia arriba asombrados con el Akimat, que es el edificio del gobierno regional y tiene un estilo brutalista que impone un montón, y con los relieves de los edificios colindantes. También pasamos por el Eco Museum, que aunque parecía cerrado, tenía unos mosaicos chulísimos en la fachada que merecían una buena olida.
Cruzamos paseando el inmenso parque central y llegamos hasta el histórico Hotel Chaika. Este sitio es famosísimo porque era donde traían a los cosmonautas soviéticos nada más aterrizar en la estepa profunda para que se recuperaran, se dieran su primer baño en condiciones y descansaran de sus paseos espaciales. Papi Edu y Tito Joan entraron a echar un vistazo por dentro para cotillear mientras yo vigilaba la entrada. De vuelta a la avenida principal, nos topamos con el monumento Miners' Glory, que rinde homenaje a los mineros del carbón, y el monumental Palacio de la Cultura de los Mineros. Seguimos sumando kilómetros hasta el Victory Park, donde vigile de cerca el monumento con la llama eterna, y rematamos la jugada llegando hasta el famosísimo mosaico del cosmonauta en la pared de un edificio. Después de cuatro horas y media de exploración urbana y de quemar las almohadillas de mis patas de tanto caminar, volvimos al coche, pero antes de salir de la ciudad pasamos por la monumental estatua de Lenin. Es una de las reliquias de la era soviética más notables de Kazajistán.
Superada la dosis de historia, tocó carretera y manta. Mucha carretera. Nos metimos más de 175 kilómetros entre pecho y espalda cruzando la plena estepa kazaja. El desafío del final del día era doble: buscar un buen sitio para dormir en mitad de la nada y conseguir que Tito Joan tuviera cobertura de datos en el móvil para sus cosas de humanos. Al final, el instinto no nos falló y encontramos un rincón bastante chulo cerca del pueblo de Tendyk. Estamos acampados al lado de un pequeño río, en pleno territorio de vacas y caballos libres que me miran con curiosidad. Por aquí no pasa ni un alma humana, así que presiento que vamos a dormir de maravilla después de un día tan completo.

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