Hoy nos ha tocado madrugar y antes de las nueve de la mañana ya estábamos con los ojos abiertos. Antes de arrancar el coche, me quedé oteando por la ventana y aluciné: los pastores que cuidan a las vacas por aquí ya no van a caballo como en las películas, ¡siguen al ganado montados en ruidosas motos! Definitivamente, cómo cambian los tiempos; hasta los animales tienen que adaptarse a la tecnología moderna. Nos pusimos en marcha rumbo a Bayanaul, completando unos 80 kilómetros hasta llegar al pueblo y a su famoso lago Sabyndokol. Este lugar es muy particular porque su nombre significa "lago de jabón" debido a que sus aguas son increíblemente suaves y, según cuentan las leyendas locales, las mujeres de la zona venían aquí a lavarse el pelo porque dejaba el cabello reluciente, algo que a Tito Joan, con su ojo experto de peluquero, seguro que le pareció de lo más curioso.
Inmediatamente después nos adentramos en el Parque Nacional de Bayanaul, que supuso un cambio radical y maravilloso después de digerir tantísimos kilómetros de estepa infinita. De repente el paisaje se transformó y aparecieron montañas escarpadas y unas formaciones de piedra con formas rarísimas y preciosas. Nos habría encantado bajarnos a dar un señor paseo para olisquear cada roca, pero el cielo se puso de un humor de perros y empezó a llover con ganas. Como caminar bajo el agua no es el plan favorito de nadie, paramos una hora al lado de la carretera para comer bien resguardados dentro de la camper mientras escuchábamos las gotas golpear el techo. Con la tripa llena seguimos la ruta hacia Ekibastuz, una ciudad que es conocida mundialmente por sus masivas minas de carbón a cielo abierto y por su alma puramente industrial. A Papi Edu le habría encantado desviarse para ver la descomunal chimenea de la central eléctrica GRES-2, una mole de hormigón que ostenta el récord de ser la chimenea más alta del mundo con sus impresionantes 420 metros de altura, pero suponía dar un rodeo enorme y, honestamente, ver un tubo gigante gris tampoco era para tanto.
Decidimos pasar de largo sin parar ni un segundo en la ciudad y seguimos devorando kilómetros. Después de un tute total de 370 kilómetros en el coche, llegamos a Pavlodar... o bueno, casi, porque justo antes de cruzar el gran puente sobre el río Irtysh que da entrada a la ciudad, divisamos la salvación del día. Encontramos un sitio perfecto para dormir en un bosque precioso muy cerca de la orilla del río. Estamos completamente rodeados de árboles corpulentos y menos mal que nos hemos metido aquí dentro, porque están sirviendo de escudo contra el viento tremendo que se ha levantado fuera. Toca hacerse un ovillo en mi rincón de la camper y descansar refugiados de la tormenta.
28 May 2026
Día 58:
Vaqueros en moto y una chimenea gigante que no vimos
Tendyk – Pavlodar
Tendyk
Parque nacional de Bayanaul (Баянауыл ұлттық саябағы)
Ekibastuz (Eкiбастуз)
Pavlodar (Павлодар)
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