Entre catedrales, pubs, puentes históricos y parques con ardillas despistadas, Dublín nos robó el corazón… y casi el bolsillo con su parking.
de pago
Cerramos Irlanda con paseo de película, cantera clandestina, colada con vagabundo cervecero y camarote “pet‐friendly” donde me prohibieron la cama… y fui el primero en subirme.
Cambio de ruedas por sábanas: dos días en Lloret de Mar con papi y los titos. Entre bufés humanos y paseos con olor a mar, descubrí que también sé relajarme... un poco.
A las cuatro de la madrugada saqué a papi Edu de la cama para un paseo urgente. Luego llegaron los cafés al sol, un castillo raro y un día tranquilo en Lloret que me sorprendió para bien.
Cuatro semanas esperando y de repente… ¡boom! Pasaporte, barco gigante y viento en las orejas. Yo solo digo una cosa: si hay pipicán y aventura, este viaje promete. Y empieza fuerte.
Despertamos con vistas que salvan la noche, nos metemos en un Ostuni lleno hasta arriba y acabamos en un barco más lujoso… con tanto dorado que casi necesito gafas de sol.