Barcelona
Después de tantos kilómetros y montañas, volvimos a Berga. Papi pasó por el taller, el tito Joan le arregló el pelo y la yaya me prohibió el sofá. ¡Qué duro es ser un perro peludo en casa!
Cambio de ruedas por sábanas: dos días en Lloret de Mar con papi y los titos. Entre bufés humanos y paseos con olor a mar, descubrí que también sé relajarme... un poco.
Un desvío inesperado nos llevó a San Miguel del Fai. Monasterio, bosque, ruinas y un sendero que solo algunos se atrevieron a bajar. Yo sí. Papi Edu también. Y eso ya dice mucho.
Hoy papi Edu prueba nuestro dron nuevo en Berga. Yo me quedo en casa, pero las vistas desde 120 metros sobre el pueblo y los Prepirineos son impresionantes y únicas.
Después de más de un mes en Berga y dos pasos por el taller, por fin volvemos a rodar. Es día de Constitución, la pelu está cerrada y la cámper nos lleva hasta un rincón precioso cerca de Bonastre donde todo vuelve a encajar.
Salimos sin rumbo, paramos en un cementerio que da paz en vez de miedo y acabamos durmiendo donde nos pilla la noche. Así empiezan las mejores escapadas.
Salimos temprano de Berga con 500 kilómetros por delante, cita en Sallent, papeleo para cruzar Rusia rumbo a Mongolia y un café imposible en la Calle Laurel. La tita Nita nos espera en Galicia. El barro nos recibió antes que el Atlántico.