Día 199:

 

Baños de Montemayor – Plasencia

Lluvia, barro y retirada estratégica perruna

Geluidsbestand
158

Hoy nos despertamos con lluvia. No de la bonita, sino de esa fina y constante que te quita las ganas de todo. Así que arrancamos todavía más despacio de lo habitual y no salimos del sitio donde habíamos dormido hasta pasada la una. Las otras dos cámper vecinas ya se habían ido, pero tampoco con pinta de haber madrugado mucho.

Volvimos a la A66 rumbo sur, dirección Plasencia. El coche empezó a protestar seriamente por falta de gasoil, así que hicimos una parada técnica para pasar combustible de las garrafas al depósito. Las gasolineras seguían siendo carísimas, así que resistimos un poco más.

Aparcamos en Plasencia, cerca del centro, con la idea de explorar la ciudad. Pero no llevábamos ni diez minutos caminando hacia la Plaza Mayor cuando empezó a llover de verdad, con viento y frío. De ese tiempo que te cala hasta el pensamiento. Así no se disfruta una ciudad, así que decidimos dejar Plasencia para otro día y volver al coche con dignidad perruna.

Nos acercamos al Carrefour, a cinco minutos, y papi Edu se marcó una buena sesión de compras mientras yo vigilaba la cámper. Cuando salió ya había parado un poco de llover, pero el ánimo viajero estaba claramente en modo recogerse.

Probamos suerte buscando sitio para dormir. Primero fuimos a la presa del embalse de Plasencia, que regula el río Jerte, pero había tanto barro que descartamos rápido. Luego subimos al santuario de la Virgen del Puerto, muy querido en la ciudad y rodeado de alcornocales preciosos. El sitio era bonito, sí, pero imposible encontrar algo mínimamente nivelado. Papi Edu es muy sensible a dormir cuesta arriba.

A pocos kilómetros había otro lugar en plena naturaleza, sobre un cerro lleno de grandes bolas de granito, muy estilo Pedriza. Ya había varias cámper y sitio de sobra, pero el viento allí arriba era directamente criminal. Dimos un pequeño paseo, vimos alguna piedra tallada curiosa, y decidimos que mejor buscar refugio más abajo.

Volvimos al embalse, al otro lado de la presa, y allí sí encontramos un rincón tranquilo, en plena naturaleza. Mucho barro y charcos, pero un sitio resguardado y solo para nosotros. Antes de cerrar el día, comimos y cenamos todo en uno dentro de la cámper, a esa hora indefinida tan nuestra.

No ha sido un día épico, pero estamos secos, tranquilos y calentitos. Y a veces, con eso, ya es más que suficiente.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Resuelva este simple problema matemático y escriba la solución; por ejemplo: Para 1+3, escriba 4.