Día 28:

 

Mosaicos, despedidas y un cráter para nosotros solos

Martvili – Katskhi

Hoy ha sido un día de esos que te dejan la patita un poco encogida. Empezamos temprano porque teníamos una misión importante: llevar a Tito Joan al aeropuerto de Kutaisi. Se volvía a Barcelona y, la verdad, despedirse es más difícil que intentar cazar una mosca con los ojos cerrados. Nos hemos quedado Papi Edu y yo solos en la Navara, mirándonos con cara de "bueno, habrá que seguir explorando".

Para animarnos, pusimos rumbo a Zestafoni. A Papi Edu le brillaban los ojos con la idea de ver edificios antiguos, así que aparcamos junto a la enorme Planta de Ferroaleaciones de Zestafoni (la GFM). Este sitio es un gigante; es el mayor productor de silicomanganeso del país y básicamente la razón por la que esta ciudad existe tal como la vemos.

Intentamos buscar los famosos mosaicos que decoran sus muros, pero la fábrica está más cerrada que un bote de premios cuando te has portado mal. Fuimos al Hotel Sakartvelo para ver su mosaico interior, pero no hubo suerte, y unas estatuas de metal que buscábamos cerca de allí parece que se las ha tragado la tierra. Pero no nos rendimos, que para eso somos aventureros.

Dimos una vuelta con la camper y la cosa mejoró. Vimos el Palacio de la Cultura de los Metalúrgicos, que es una pasada de edificio, y el antiguo Palacio de los Pioneros que ahora es una escuela de arte. Cerca de la estación de tren alucinamos con los relieves soviéticos que hay en los muros y encontramos la entrada al Parque Municipal, que tiene una columnata y una estatua de un trabajador que son puro estilo de la época.

Después de tanto cemento, decidimos que necesitábamos naturaleza. Conducimos una hora hacia el norte hasta Katskhi para ver el famoso Pilar de Katskhi, esa roca altísima con una iglesia arriba del todo que parece que va a tocar el cielo. Papi Edu pasó de largo del parking de siempre y se metió por un camino de tierra que solo es para coches valientes como el nuestro.

Subimos y subimos hasta encontrar un sitio que parece un pequeño cráter rodeado de paredes de arena. Estamos totalmente protegidos del viento y, lo mejor de todo, sin un alma alrededor. Es el sitio perfecto para echar de menos a Tito Joan mientras miro las estrellas. Mañana será otro día.

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