Menos mal que descansamos bien, porque teníamos agujetas mentales de todo el jaleo del día de ayer. Nos lo tomamos con calma y a las once arrancamos el coche para movernos apenas unos cientos de metros hasta el aparcamiento de las Crónicas de Georgia.
Este monumento es una auténtica locura de cemento y bronce que empezó a construirse en 1985 de la mano del escultor Zurab Tsereteli. Son dieciséis columnas enormes, de unos treinta metros de alto, que cuentan la historia de Georgia, sus reyes, santos y la vida de Jesús en la parte superior. Estaba lleno de turistas haciéndose fotos y selfies; no quiero ni pensar lo horroroso que debe ser esto en temporada alta. Nos hicimos nuestros retratos reglamentarios y salimos pitando.
Nos metimos en el coche y tiramos del tirón hacia el norte por la mítica Carretera Militar Georgiana. La cosa empezó a ponerse empinada al llegar al paso de Jvari, a casi 2400 metros de altitud, justo antes de Gudauri. Es un puerto con una carretera en zigzag que marea solo de mirarla. Paramos un rato y Papi Edu sacó el dron para grabar desde el cielo las curvas y la fila interminable de camiones que subían a paso de tortuga.
Un poco más arriba hicimos la siguiente parada en el Monumento a la Amistad de Rusia y Georgia. Hace tres años estuvimos aquí en verano, pero ahora, con todo cubierto de una capa enorme de nieve, se veía totalmente diferente y seguía siendo impresionante. Es ese semicírculo de hormigón con un mosaico gigante que celebra la unión de los dos países. Papi Edu volvió a volar el dron y las imágenes quedaron espectaculares con el contraste de la nieve y el abismo.
De ahí al coche otra vez hacia Stepantsminda. Esta parte de la carretera da un poco de miedo por los túneles improvisados y oscuros que usan para protegerse de las avalanchas; son auténticos túneles del horror, estrechos y llenos de baches. Tuvimos algo de retención, pero por suerte nada grave. Al llegar al pueblo, el tiempo estaba bastante feo y gris. Hicimos unas compras rápidas en un supermercado, echamos un vistazo al paisaje y fuimos a buscar el nido para pasar la noche.
Papi Edu fue directo a un sitio que ya conocíamos de 2023: la piscina natural de Pansheti y su manantial de agua mineral. El agua está demasiado fría como para que a alguien se le ocurra meter un dedo, pero como sitio para dormir es una maravilla.
Ahora mismo estamos instalados en la camper con unas vistas preciosas a las montañas completamente cubiertas de nieve. Solo tenemos un vecino: un camión camperizado de Austria. Papi Edu ha estado charlando un buen rato con el dueño, un tío llamado Martin que también viaja solo y que resulta que también va a cruzar a Rusia. Al final nos hemos recogido en nuestra casita, toca cenar y a dormir tranquilamente, que mañana nos espera la frontera.
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