gratuito
Mi paciencia de bodeguero tiene un límite, y ese límite se mide en el olor a masa rellena de carne mientras a mí me toca vigilar el patio.
Mis ojos han vuelto a su ser gracias a la medicina láctea kazaja y hemos cambiado los mosquitos fluviales por un bosque con picnic humano incluido.
Una horda de mosquitos kazajos mutantes intentó devorarme los ojos, pero mis humanos me salvaron usando la alta tecnología de una bolsa de smetana fría.
Los vaqueros de la estepa han cambiado los caballos por las dos ruedas y yo he descubierto que un bosque es el mejor escudo del mundo cuando a la naturaleza le da por soplar.