Castillos caros, paseos entre helechos, una playa "alternativa" y un lugar solitario con historia triste. Ah, y arena hasta en las orejas. AsĂ fue nuestro dĂa en las Highlands.
aparcamiento (rural) 🅿️🌲
Un dĂa de postal entre catedrales, campos de golf de ricos con palos, dunas salvajes, barcos oxidados y alemanes alucinando con nuestra cĂ©lula. Y yo, como siempre, en el centro de la acciĂłn.
Fuimos a buscar delfines y acabamos encontrando cascadas encantadas, plataformas petrolĂferas y jardines ajenos. Menos mal que dormimos rodeados de campos y tranquilidad... ¡sin hadas, ni humanos molestos!
La gripe no se rinde, pero nosotros tampoco. Paseamos por bosques histĂłricos, buscamos vistas en la penĂnsula de Black Isle y descubrimos uno de los pocos donde dormir está permitido.
Seguimos la ruta entre curvas y catarros, con parada en un puente histĂłrico y bĂşsqueda desesperada de sitio para dormir. Al final, bosque tranquilo, paseo corto y noche sin sobresaltos.
Un puente colgante, un baño en el rĂo y el catarro que no se rinde. Mientras Papi Edu lucha contra los virus, yo vigilo desde la toalla. A veces ser enfermero canino es un currazo.
DespuĂ©s de tres dĂas en modo enfermerĂa en Cramond, volvemos a la carretera. Vaciamos aguas, llenamos la despensa y acabamos en un sitio con cascadas, rĂo fresquito y un parking de lujo.
Papi Edu cayĂł con fiebre y yo aprovechĂ© para acurrucarme todo el dĂa. Visitas australianas, Coca-Cola al sol y siestas infinitas. Dos dĂas sin movernos, pero con historias que contar.
Tito Joan necesita a Papi Edu en Barcelona… y a mà me toca quedarme en Edimburgo con un humano nuevo llamado Fabi. No es mi familia, pero al menos tiene sofá y cara de buena gente
Descubrimos el Highland Folk Museum y acabamos el dĂa durmiendo entre los pinos junto al Loch Garten. Un lugar tranquilo, aunque el lago escondĂa un cartel que nos quitĂł las ganas de chapuzĂłn...
Nos alejamos de Edimburgo cruzando el Queensferry Crossing, subimos por las Highlands entre valles, presas y lagos, dimos muchas vueltas por culpa de la cobertura mĂłvil y acabamos durmiendo junto a una presa.
Paseamos por una Edimburgo preciosa pero abarrotada de turistas y coches. Descubrimos callejones mágicos, lluvia cada cinco minutos… y un McMenú observado por un perro con hambre.