aparcamiento (rural) 🅿️🌲
Los militares kazajos nos escoltaron como a diplomáticos, pero la bienvenida rusa incluyó un tercer grado que casi me hace confesar dónde escondo mis chuches.
Un día de colada con rescate de efectivo, hamburguesas locales y un cambio de aires estratégico. Nos mudamos al aparcamiento del aeropuerto para esperar el gran reencuentro de mañana.
Kilómetros de playa vacía, el Olimpo vigilando desde lejos y yo enterrando la pelota como si no hubiera mañana. Todo perfecto… hasta que llegaron los mosquitos en modo invasión.
Calles con vida, un romano gigante vigilando y carreras locas en la playa. Luego acantilados de película en Polignano… y repostar duele más que pisar una piedra descalzo. Viaje completo 😄
Hoy tocó coche, gris y viento a raudales, pero al final encontramos un rincón tranquilo en lo alto de Monte di Togna. A veces el aburrimiento también tiene su encanto.
Aparcar en Zaragoza fue misión imposible, pero a cambio hubo bocadillo de calamares, calles llenas de vida, una basílica gigantesca con una virgen diminuta y un final perfecto en lo alto de un tossal tranquilo donde dormir a gusto.
Empezamos el día con torrijas holandesas y lo terminamos en una quedada masiva de titos sevillanos, pescado frito, risas, lluvia intensa y un aparcamiento tranquilo con autocaravana con cochecito incluido.
Dormimos al lado de un parque y despertamos al lado de una casualidad enorme. Reencuentros inesperados, un corte de pelo de emergencia, un cachorro hiperactivo y un final poco glamurroso pero muy real.
Hoy olí pasillos de Leroy, reencontré a un humano importante, probé un pueblo agradable y estrené jersey hecho a medida. Un día tranquilo, de cafés, papeleos raros y calorcito perruno al final.