aparcamiento (urbano) 🅿️🏙️
Una estepa infinita, camellos saludando en la cuneta y cementerios que parecen pueblos en miniatura. Estrenamos las carreteras de Kazajistán con un internet que vuela, pero metiendo la camper en un laberinto de barro justo antes de acampar entre desconocidos.
Una pelea de bar macarra a cuatro patas, el río Volga desbordado y un GPS que decidió tomarse unas vacaciones. El viaje por Rusia se convirtió en una yincana digital donde comunicarse con el mundo exterior requirió técnicas de espionaje del siglo pasado.
Una ciudad entera desaparecida bajo el agua, carreteras imposibles entre montañas y una estatua gigantesca de Atatürk vigilando Artvin desde las alturas. Y acabamos durmiendo entre plantaciones de té y teleféricos voladores.
Trescientos kilómetros, una siesta épica y una misión imposible: encontrar dónde dormir. Entre señales, normas nuevas y poco campo útil, hoy tocó improvisar hasta el final.
Salimos tarde y acabamos metidos en una ruta 4x4 que no era ningún atajo. Sevilla nos regaló abrazos, flamenquines gigantes, un café peligroso en IKEA y hasta un jersey perruno a medida. Día completo sin correr.