Subimos torres, callejeamos tranquilos y acabamos frente a cientos de castillitos repetidos como churros. Dron en el aire, viento travieso… y una noche perfecta al otro lado de la colina.
in de vrije natuur
Curvas, casas otomanas y vistas desde lo alto en Taraklı. Göynük queda para mañana. Tras buscar entre pendientes y basura… encontramos sitio plano. Con ruido, sí, pero dormimos rectos.
Buscando la pegatina HGS como locos y nada. Autopistas rápidas, Estambul sorprendentemente fluida y cruce a Asia sin bajarnos del coche. Final con vacas y calma total.
Hora y media de cola, cruce de puente y bienvenida con diésel barato. Todo lleno de barbacoas… hasta que cae la noche y nos quedamos solos frente al mar. Buen estreno.
Mañana de pereza, monasterio desde lejos y paseo con perro pesado incluido. Despedida en Lidl y noche tranquila en Feres. Mañana cruzamos… y eso siempre promete.
Sol bueno, torre “muy torre” y parada de bricolaje obligatoria. Volvemos a Porto Lagos… y lo encontramos vacío, con algas y aire de película rara. Pero dormimos bien igual.
Rocas perfectas, pelota sin freno y el Athos entre nubes. Luego kilómetros de curvas, nombres imposibles y un rincón frente al mar donde el viento manda… pero merece la pena.
Frío inesperado, desvío improvisado y los “tres dedos” de Calcídica. Cala rápida, carretera junto al mar y atardecer de premio entre Kassandra y Sithonia. No está mal el cambio de plan.
Madrugón absurdo en el barco, llegada exprés a Grecia y parada en un cañón que parece partido a hachazos. Acabamos durmiendo junto al río, en plena nada. Y eso sí que mola.
Een bewogen nacht, een verrassende reis naar Genua en een schip vol "rebelse" honden. Tussen wilde wind en eeuwig wachten, vonden we eindelijk een perfecte schuilplaats aan zee.
Cruzamos el puente romano, paseamos entre catedrales, museos y amigos, entré en bares dogfriendly y hasta en una iglesia convertida en Zara. Salamanca brilló… aunque el hornazo no estuvo a la altura.
Entre curvas que parecían un sacacorchos, Google Maps mandándonos a pasear sin sentido y lluvia con ganas de protagonismo, llegamos a La Alberca sanos y salvos. Yo no pedí aventura extrema, pero aquí nadie me hace caso.