Desde el relax total en el puerto de Wigtown hasta los acantilados del Mull of Galloway. Con torre medieval, ruinas sagradas y una cueva de santo. Y yo oliéndolo todo, claro.
aparcamiento (rural) 🅿️🌲
Desde el punto más sur de Escocia vimos la Isla de Man e Irlanda. Luego en Portpatrick caminamos entre acantilados y viento hasta otro faro casi idéntico. ¡Día de vistas, faros y orejas al vuelo!
Nos despertamos tardísimo, cruzamos moors lluviosos y sacamos libras a precio de oro solo para unas patatas sin pescado. Al final, ferry movidito, lluvia escocesa y noche misteriosa en la isla invisible.
Entre un castillo donde jugué a ser Sir Chuly y un valle con río resbaladizo, lo pasamos de lujo... hasta que decidí que la subida no era para mí. Menos mal que el ferry no se escapó.
Me quedé hipnotizado viendo veleros subir por una escalera de agua, visité un coliseo sin leones y descubrí que Drácula también construía iglesias. Dormimos sin vistas, pero sin miches.
Hoy casi nos vamos al agua… ¡pero con ruedas! Visitamos la noria de barcos más loca de Escocia, los caballos gigantes de metal y aprendimos que si lees ‘MO7S’ en el suelo, ¡vas por el carril equivocado!
Un día sin castillos ni piedras mágicas, pero con barro, lavadoras, ruidos raros… ¡y una sorpresa en el aeropuerto que me hizo saltar de alegría con las patas al aire!
Quise cruzar el río para seguir a Papi Edu, pero casi me lleva la corriente. Visitamos la catarata Steall, el viaducto de Glenfinnan y preparamos la despedida de Tito Joan.
Hoy despedimos a Tito Joan, hicimos un simpa del parking del aeropuerto y terminamos el día caminando sobre el mar hacia la isla de Cramond. Ah, y también me mojé las patas.
Nos quedamos otro día en la costa frente a Cramond. Jugué con la pelota, me metí hasta el lomo en el agua y conocimos a una pareja siciliana que solo hablaba con las manos. ¡Todo bien!
Nevera vacía, tráfico eterno y un pueblo más gris que bonito… pero acabamos el día jugando en un parque enorme con césped de lujo. ¡Y la barriga llena!
Paseamos por una Edimburgo preciosa pero abarrotada de turistas y coches. Descubrimos callejones mágicos, lluvia cada cinco minutos… y un McMenú observado por un perro con hambre.