Pasamos la noche meneándonos como croquetas en sartĂ©n con viento. ¡Y encima agujetas! Pero aĂşn asĂ, hoy tocĂł piedras mágicas, calles con tiendas para humanos montañeros y un mirador con sorpresa final.
aparcamiento (rural) 🅿️🌲
Montaña arriba, montaña abajo… casi 18 km de aventura, viento en la cara y patas al lĂmite. Pero con bocata, siesta y paisaje brutal, ÂżquiĂ©n se queja?
Entre espinas traicioneras, vientos despeinantes y lluvia inglesa, cruzamos media isla en busca de un rincĂłn seco. ÂżLo encontramos? ¡SĂ! Pero las espinas siguen en mi memoria perruna…
Robin Hood no apareciĂł, pero sĂ una cuesta que casi me saca la lengua por la oreja. Luego vimos una iglesia rota muy importante, aunque tuvimos que espiarla por encima del muro. Planazo.
Exploramos Scarborough entre bahĂas, dragones de pedal y lápidas tranquilas. Luego caminamos por los acantilados hasta Boggle Hole, buscando vistas, historia y un sitio donde dormir sin tráfico.
CrucĂ© York de cabo a rabo buscando jamĂłn… y resulta que el de York no es de York. Eso sĂ, encontrĂ© una torre, un puente, una muralla y un humano con pollo. Nada mal para un jueves.
Dormimos mal entre dudas, cuervos y cabezas del revés. Conducimos por túneles verdes llenos de baches hasta un campo de trigo con puesta de sol. Jugando con la pelota llegaron dos tipos… ¡y acabamos invitados a una feria de caballos!
Tras cinco dĂas de mimos familiares (y esquivar al primo-gato ninja), tocaba volver al asfalto. Lo que no sabĂa es que el barco serĂa más aburrido que un domingo sin pelota.
Dormimos mal pero cruzamos media Alemania entre parones y carreteras chungas, y acabamos en un bosque tranquilo al borde de Holanda. Sin queso hoy, pero con paseo y silencio.
Hoy hubo viñedos, abrazos alemanes, una garrapata traicionera y un señor que hablaba más que un loro con cafĂ©. Pero al final, bosque tranquilo y patas al aire. DĂa completito.
Dormimos con banda sonora de cascada, descubrimos un castillo sin turistas, corrimos entre rocas mágicas y cruzamos a Alemania con queso de contrabando. Y todo sin perder el rabo.
Entre murallas, terrazas francesas y lagos con carteles de “no toques nada”, hoy ha sido un viernes de exploradores. Y sĂ, el leĂłn de Belfort no me ladrĂł. Cobarde.