en plena naturaleza 🌲
Una tregua de asfalto bajo la sombra de los pinos, un paseo entre pájaros y un valiente humano sumergiéndose en aguas polares. Nos declaramos en huelga de coche y disfrutamos de un merecido segundo round en nuestro paraÃso.
Un amanecer a las cuatro de la mañana, trucos perrunos a cambio de brochetas y un rescate tecnológico en la barrera de pago. Cambiamos la estepa por un cañón de infarto y un parque nacional que nos reservaba más de una sorpresa.
Una huida de las ciénagas, bloques soviéticos fantasmas y una pista oculta a través del campo. Encontramos un lago de pelÃcula para pasar la noche, con bichejos hambrientos incluidos y visitas que hablan inglés.
Una misión aérea sobre embudos oxidados, tres horas de caminata urbana persiguiendo humanos por Kostanái y una retirada estratégica a toda prisa para salvar mi pelaje de un ejército de vampiros zumbadores.
Reliquias soviéticas con forma de embudo gigante, una pista infernal apta solo para estómagos fuertes y un pastor que habla hasta debajo del agua. Nos escondemos entre los arbustos en un nuevo paraÃso fluvial donde los caballos mandan.
Una alfombra de asfalto para devorar kilómetros, un dedo de pie congelado en el agua y el regreso de nuestros vecinos favoritos. Encontramos el rincón perfecto junto al gran embalse para tomar el sol en la más absoluta intimidad.
Un desvÃo en mitad de la estepa, trenes kilométricos que no terminan nunca y un lago solitario que parece el fin del mundo. Nuestra ruta nos lleva directos al corazón de la nada kazaja, donde las puestas de sol se disfrutan con visitas sobre dos ruedas.
Una mÃtica coincidencia que ni el mejor GPS habrÃa planeado, cebollas de oro y el gran misterio de quién es el tipo del caballo. Aktobe nos regala reencuentros moteros, lujos soviéticos y un nido nocturno con vecinos de lo más silenciosos.