Madrugón absurdo en el barco, llegada exprés a Grecia y parada en un cañón que parece partido a hachazos. Acabamos durmiendo junto al río, en plena nada. Y eso sí que mola.
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Levendige straten, een gigantische Romein die waakt en gekke races op het strand. Dan filmische kliffen in Polignano... en tanken doet meer pijn dan blootsvoets op een steen stappen. Complete reis 😄
Driehonderd kilometer, een epische siësta en een onmogelijke missie: vinden waar je kunt slapen. Tussen borden, nieuwe regels en weinig bruikbaar terrein, moest er vandaag tot het einde geïmproviseerd worden.
Vandaag was het de beurt aan de auto, grijs en wind in overvloed, maar uiteindelijk vonden we een rustig plekje bovenop Monte di Togna. Soms heeft verveling ook zijn charme.
Een bewogen nacht, een verrassende reis naar Genua en een schip vol "rebelse" honden. Tussen wilde wind en eeuwig wachten, vonden we eindelijk een perfecte schuilplaats aan zee.
Aparcar en Zaragoza fue misión imposible, pero a cambio hubo bocadillo de calamares, calles llenas de vida, una basílica gigantesca con una virgen diminuta y un final perfecto en lo alto de un tossal tranquilo donde dormir a gusto.
Del calor de la cámper al frío que corta en el Cañón del Río Lobos. Tradiciones intensas en El Burgo de Osma, pipís rebeldes, buitres con hambre y un final calentito en Ágreda. Un día completo, muy completo.
Cruzamos el puente romano, paseamos entre catedrales, museos y amigos, entré en bares dogfriendly y hasta en una iglesia convertida en Zara. Salamanca brilló… aunque el hornazo no estuvo a la altura.
Entre curvas que parecían un sacacorchos, Google Maps mandándonos a pasear sin sentido y lluvia con ganas de protagonismo, llegamos a La Alberca sanos y salvos. Yo no pedí aventura extrema, pero aquí nadie me hace caso.
Hoy Monfragüe nos recibió pasado por agua y sin rapaces, pero con rocas enormes, ciudades con historia, reencuentros inesperados y una noche tranquila junto al embalse. No todo vuela, pero todo suma.
Hoy paseé por uno de los pueblos más bonitos de España, olí siglos de historia, comí terraza al sol y acabé la jornada bajo un puente románico. De esos días que se guardan en el hocico para siempre.
Hoy olía a día grande desde primera hora. Un embalse perfecto, una carretera vacía como un cuenco recién lamido y Cáceres entera para pasearla a cuatro patas. Mucha piedra antigua, poco tráfico y final de cine.