Hoy el sol nos despertó con ganas de paseo. Bosques tranquilos, un valle que se esconde, puertos de montaña con historia y un final perfecto junto al rÃo. De esos dÃas que se saborean despacio.
🇪🇸 De Berga a Sevilla
Hoy me quedé vigilando la cámper mientras Edu se perdÃa entre reyes, pasillos infinitos y piedras muy serias en El Escorial. Luego paseÃmos entre belenes gigantes y acabamos durmiendo en un área oscura y silenciosa, ideal.
Hoy tocó caminar más de lo previsto entre piedras gigantes, pinos y senderos algo caóticos en La Pedriza. Llovió justo cuando debÃa, hubo Whopper estratégico y acabamos durmiendo en silencio total, como manda el manual perruno.
Hoy conquisté puentes medievales, murallas con vistas al rÃo y montañas llenas de nieve y trineos suicidas. De Talamanca a Buitrago y del puerto de la Morcuera a un bosque perfecto para dormir calentitos.
Dormimos entre hielo y calma, espantamos fantasmas con calefacción y acabamos caminando entre buitres, castillos y barrancos. Un dÃa largo, de piedra antigua y patas cansadas, que terminó junto a un puente romano y mucho silencio.
Hoy paseé por Medinaceli entre arcos romanos, plazas nobles y piedras con mucha historia. Luego hubo ducha al sol, dudas camperiles y acabamos durmiendo en un área de picnic que de noche daba más respeto del esperado.
Hoy me he perdido entre cascadas, escaleras y túneles en el Monasterio de Piedra. Mucha agua, muchas patas cansadas y un monasterio que a Edu le supo a poco. Al final, autovÃa, noche cerrada y cama en Medinaceli.
Dormimos con viento que aullaba más que yo, despertando a papi Edu para pelear con la calefacción. Luego niebla, Tarazona que parece Italia, un sanatorio abandonado que da yuyu y un escondite perfecto junto a un embalse oscuro.
La lluvia y la pereza nos dejaron atrapados en la cámper toda la mañana, pero al subir al Santuario de la Misericordia el viento rugÃa afuera y la calefacción nos convirtió el interior en un refugio perfecto.
La niebla nos retuvo, la ciudad nos puso a prueba y la gasolina casi se nos escapa. Un dÃa sin turismo, pero lleno de pequeñas aventuras y decisiones improvisadas.
Hoy paseé por un pueblo congelado en la guerra, exploré una Pequeña Rusia en silencio absoluto y presencié una ducha libre que nadie habÃa pedido. Acabamos durmiendo entre pinares, con la historia aún oliendo a piedra vieja.
Un monstruo de acero plantado junto al rÃo, ruinas que asoman como recuerdos y un final perfecto a orillas del Ebro. Hoy viajamos despacio, con frÃo, viento y muchos pusis vigilando cada paso.