Escalamos rocas, entramos en cavernas mágicas y huimos del gentío en busca del bosque perfecto!
gratuito
Subimos las impresionantes escaleras de Midsund, con 3.292 escalones hasta 729 metros, disfrutando de vistas increíbles. Fue una caminata épica y desafiante.
Hoy hemos atravesado túneles submarinos, subido 418 escalones y olido más fiordo que un bacalao jubilado. Y aún nos quedaron fuerzas para correr por la costa. Día completito, ¡con sello perruno!
Niebla, turistas y excursiones carísimas. Geiranger nos dio calabazas, pero encontramos sitio con vistas, historia de guerra y un túnel que parece una atracción submarina.
Geiranger: fiordo de ensueño y un tractor gruñón: Entre nubes y cascadas, encontramos un sitio perfecto para dormir… hasta que apareció el granjero con su tractor. ¿Qué haríamos sin los carteles misteriosos?
¡Nos prometieron hielo épico y nos dieron una nevera cerrada! Caminata hasta el glaciar Nigardsbreen, túneles como cuevas de trolls y final del día en un parking feo pero funcional.
Subimos a un lago secreto, vimos un oso que no era oso y olimos una iglesia que huele a barbacoa medieval. No entré, pero me lo contaron todo.
Un paseo por Undredal, una excursión en el famoso Flåmsbana y una noche fría en lo alto de Aurlandsfjellet. ¡Entre trenes, cascadas y miradores vertiginosos, hoy no nos hemos aburrido!
Otra salida tardía, otra carretera de postal. De Tvindefossen a las casitas de Nesheimstunet, hasta llegar a Undredal, donde el rugido del río nos arrulló para dormir... sin vikingos enfadados a la vista.
Hoy la aventura fue cambiar de sofá rodante: de una playita escondida a un llano perdido, pasando por fiordos y curvas que nos dieron más vueltas que una lavadora.
Salimos en ferry eléctrico, cruzamos fiordos, Bergen nos dejó fríos como un salmón, pero rematamos el día cruzando puentes de vértigo y durmiendo en un lago perdido de la isla de Osterøy.
Día de relax absoluto: siestas, baños en nuestra playita privada y unos retoques en la cámper. El cielo un poco soso, pero el plan de no hacer nada salió perfecto.